domingo, 7 de septiembre de 2014

Es algo extraño,
asocio canciones con personas
y recuerdos,
e inevitablemente
me vengo abajo
 y me hundo
 me hundo en recuerdos
que jamás se repetirán,
que jamás volverán,
y me doy cuenta de
lo mucho que echo de menos a personas
que perdí
con el paso del tiempo.
Entonces suena esa canción y los sentimientos saltan del puesto, se riegan por mi cuerpo y me invaden el alma. Entonces suena esa canción  y los viejos recuerdos se apoderan de mi mente y quedo frágil ante ellos, me dominan. Entonces suena esa canción y los vellos de mi piel se erizan como queriendo entonarla conmigo, pero entonces llega el escalofrío que me hace temblar como si mi cuerpo quisiera bailar al compás de la música. Entonces suena esa canción que toda se trata, o se trataba de nosotros.

Hay recuerdos.

Recuerdos que duelen, que marcan, que alegran y llenan. Que duelen porque aún te queman, aún te queman porque fueron fuertes y fueron fuertes porque nacieron de momentos intensos. Que marcan porque aunque todo cambie queda el deseo de que algo del pasado vuelva al presente, que marcan porque nacieron de momentos diferentes a los que estas acostumbrado. Que alegran porque fueron buenos tiempos, buenos tiempos porque todo era felicidad. Que llenan porque te sientes satisfecho de haber vivido esos momentos, que llenan porque es grato recordarlos.

Llega el momento de la despedida, la amarga despedida. Las voces tiemblan, las miradas hablan, los labios lloran, las manos sudan y los recuerdos te invaden; recuerdos que hora de desvanecen en el viento, se van y no regresan, pero tampoco es el final. Así como diremos adiós, así nos volveremos a encontrar. Así como nos abrazamos poco antes de tomar distancia, estrecharemos nuestros cuerpos en aquel instante en que los volvamos a encontrar.
Nos tenemos, sin decirlo y sin buscarlo nos tenemos. Nos hacemos daño sin quererlo, sin pensarlo nos pensamos y sin saberlo nos encontraremos en cualquier momento o en cualquier lugar, porque nos deseamos. Nos tenemos la vida vuelta mierda, las prioridades reformamos y el tiempo lo agotamos en pasiones desbordadas, pero nos tenemos. ¿Qué más importa que tenernos? Tener sus labios es un sueño, tener sus sueños en mis manos y cumplirlos con anhelo.

 
Mírame como me miras, que como me miras me gusta. Háblame como me hablas porque como solo tu me hablas nadie lo hace igual. Bésame con esos labios, que solo en tus labios puedo reposar. Abrázame cuanto tú quieras, que cuanto tú quieras yo lo quiero más. Entonces dime, dime tú si me querrás, si no lo haces la vida sigue, todo sigue igual, pero si lo haces créeme que la vida seguirá, seguirá llena de felicidad. Y felicidad es tenerte cerca y si te tengo lejos soy feliz igual, después que tú seas mio no hay distancia ni amarguras, solo hay sonrisas placenteras y momentos imposibles de olvidar.
Paradójicamente la persona que más nos atormenta es la que mejor nos calma. Paradójicamente la persona que te hace ser fuerte y luchar también es tu punto débil. Paradójicamente cuando con más cordura lo pienses, con más locura lo codicias. Paradójicamente el destino nos muestra jugada, pero muchas veces no sabemos jugar. Ahora todo me resulta paradójico, como el hecho de que en este mundo todo es perecedero, pero cuando estás solo todo resulta perdurable.